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De la juventud y el amor por la patria y todos los seres: Selecciones de ‘El Amor de siglos’ de la Maestra Suprema Ching Hai (vegana), parte 1 de 2

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El Amor de los Siglos es una colección de poesía compuesta por la Maestra Suprema Ching Hai que transmite el amor y la resonancia de un alma afín a las vidas humanas y al destino de todos los humildes y frágiles cohabitantes. En este incierto río de la vida, la Maestra Suprema Ching Hai siente una seria preocupación por la aflicción humana. Sus poemas también incluyen sinceras oraciones para que la humanidad despierte pronto al Verdadero Ser, al estilo de vida benevolente y noble y enfrente la realidad, transformando así nuestro planeta en el Cielo sobre la Tierra, donde los humanos y todos los cohabitantes puedan vivir en paz y armonía.

Hoy es un honor presentar una selección de poemas de “Parte 1: Juventud y amor por la patria” del libro “El amor de los siglos”, de la Maestra Suprema Ching Hai (vegana), que describe la belleza de la naturaleza y el aprecio por los buenos amigos, así como la angustia y la crueldad de la guerra.

Parte 1: Juventud y amor por la patria

Mi hogar (Nhà Tôi) “Mi pequeño y acogedor hogar se posa en la ladera Brisa suave y nubes gentiles tendidas en el cielo Flores fragantes y hierba tan verde perfuman el aire Los pinos zumban con encanto al baile de bellas diosas lunares. Las mariposas juguetean en el jardín perfumado Las flores adornan tiernas ramas rosa, amarillo, carmesí, violeta, durazno ¡Oh, tan fragantes, ascienden hasta los Cielos! Radiante, la luna brilla sobre el pico verde En el aire viaja un canto de paz Una melodía dorada se eleva con el viento hacia el cielo claro, tan sereno. El sendero del bosque, íntimo como un abrazo, envuelve tus delicados pasos, suscitando días de ensueño a lo lejos, el océano tañe poesía Cantando conmigo en esta víspera de fantasía. En primavera, las flores silvestres cubren la montaña En verano, las cigarras arrullan un dulce ensueño En otoño, hojas de tono canario bordan la ventana En invierno, las llamas cantan alegres en el fuego cálido. Las cuatro estaciones, las flores brotan en mi corazón Por doquier las nubes se acercan a saludar Amigos queridos hacen crecer el cariño ¡Animales y aves se mezclan como viejos conocidos! Saca el laúd con forma de luna Haz sonar un acorde encantador El espíritu se eleva con notas de amor El corazón gozoso sigue el ritmo de la música. Tra la la fa la Fa la la tra la Tra la la fa la Fa la la tra la”.

Verano nostálgico (Hạ Nhớ) “¿Recuerdas aquel inicio de verano cuando los flamboyanes reales llenaban el cielo como la sangre vital de la juventud? Paseando con los compañeros en el patio de la escuela deteniéndonos en el instante de la despedida, ¡ay! Mitad alegría, mitad duda al partir. Una flor rosada para adornar el cabello del otro, ¡nuestra expresión de afecto! Tras el polvo de las partidas, siguen cien largos días. Las cigarras cantan con tristeza como nuestro adiós del corazón. Tú partes hacia campos fértiles y aguas verdeazules, Donde arroyos y lagos cantan para saludar a conocidos. En un ferry, yo cruzo el gran río, regresando al pequeño pueblo donde están mamá y las yucas. El barco del hermano navega por el océano azul y la arena blanca. Los sauces tejen una tierna canción melodiosa. El auto de la hermana entra a las tierras altas, donde nubes de montaña velan una sonrisa encantadora… Yo me quedo aquí, en la ciudad ventosa y polvorienta, Contando flores marchitas mientras espero que se apague la luz del verano, Esperando cien días, esperando de nuevo un abrazo cálido, esperando pasear bajo la terraza sombreada de la escuela. No olvides, mi bien, nuestros días de alegría, Buenos amigos, maestros honorables y vínculos queridos. La brisa dorada derrama flamboyanes rojos por todos los muros Y en mi corazón, los días y los meses caen en silencio… Un anhelo tan profundo como el patio escolar desierto; ¡Cien días de anhelo son como un siglo que pasa en silencio!”

En un día (Một Ngày) “Un día de permiso escolar Fui a visitar con papá nuestro pueblo natal. El viejo autobús de siempre rodaba junto al dique. Arroz fragante a ambos lados, olas doradas bajo el sol rosado. Una casa aquí, allá un techo de tejas rojas manzanas rosas y mangos llenaban los patios. Un perro con manchas se arrastraba detrás del autobús, Cola abanico en el viento de verano; Polvo rojo alzándose más allá del camino Un bambusal se borraba en el campo distante… Un hato de búfalos ancianos, desconcertados, Miraba hacia la carretera; Una bandada de cigüeñas planeaba con tal gracia Sobre el campo fértil sin horizonte. Un par de bueyes pardos se esforzaba con todo su ser, empujando fardos de heno amarillo, arrastrando un carro chirriante y pesado, llevando despacio la carga del tiempo. Al pasar por la cresta de una montaña plateada, ¡El viento alto impregnado de fragancia! Cientos de flores alpinas esparcidas, Orquídeas rosadas y mirtos violetas. Luego cruzamos el muelle; Olas juguetonas rizaron la orilla; Lirios acuáticos acariciaban suavemente los remos; Jacintos de agua flotaban aquí y allá… Cada vez que el autobús se detenía, Vendedores afables se agitaban alrededor, ofreciendo bananas frescas, mandarinas dulces Y ambarellas crujientes, ¡encurtidas en regaliz! Buñuelos fritos y pasteles de arroz glutinoso, Maíz tierno al vapor y maní tostado, jugos de coco y caña de azúcar, tan fragantes, ¡las estaciones de mi aldea! Varios obreros fornidos Cargaban bultos al hombro; Los viajeros corrían por doquier, bulliciosos como en Año Nuevo. El autobús avanzaba firme, Pasajeros conversando, ruidosos y felices, Cuando de pronto el cielo se quebró y la tierra se sacudió; ¡Unos sobre otros todos amontonados! El autobús estalló en mil pedazos; El conductor, su cabeza voló; Un pasajero con el cuerpo en pedazos, ¡Otro con una pierna junto al puente! Una mujer y su bebé por nacer, Buscando aire con desesperación en un charco de sangre roja; Dos niños inocentes ¡Ahogados y perdidos en el río profundo! Una anciana de cabellos blancos, aún con una vasija de betel en las manos; Más su espíritu, ha desaparecido ¡¿Quién sabe a dónde va?!… Con otros tres sobrevivientes, Mi papá sostuvo su herida; Un hilo de sangre goteaba lentamente ¡Mientras, débil, se arrastraba a lo largo del camino!…”
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